Tarkovski
A partir de ahora
podrás hablar
en voz alta y con claridad
Cuando entiendas que todos los bloqueos
radicaban en tu mente
y que la censura de los tiranos
es una mentira que hay que desafiar
permanentemente
a riesgo de morir de vergüenza
verás que operará en tu interior
la metamorfosis del esclavo en el guerrero
la mutación del sirviente en el rebelde
Solamente la belleza y el amor propio
solamente la música con la que verdaderamente
estás dispuesto a comulgar
solamente los héroes que se resumen
en el héroe que deberás ser para emanciparte
solamente la lucidez, el valor y la integridad
solamente el orgullo y la humildad
solamente la luz de tu espíritu indomable
indoblegable como tu voluntad de sobrevivir
te van a permitir decir
a partir de ahora tú
hablarás nítida, libre y fácilmente
Toda la vida hablarás en voz alta
y con claridad.
Primeros encuentros
Cada momento de nuestros encuentros
celebrábamos como la Epifanía,
solos en este planeta. Fuiste
más valiente y más ligera que el ala de un pájaro
bajando la escalera de dos en dos,
como vértigo, llevándome a través
de lilas mojadas a sus predios,
al más allá del espejo cristalino.
Cuando llegó la noche tuve la gracia,
se abrieron las puertas del altar,
en la oscuridad resplandecía
y se reclinaba lentamente la desnudez.
Y yo, al despertar, decía: “¡Sé bendita!”
Porque sabía que era audaz mi bendición.
Tú dormías, pero las lilas de la mesa
se disponían a tocar tus párpados
con el azul del universo circundante,
los párpados, tocados por el color azul,
En el cristal pulsaban tantos ríos,
montañas humeaban y mares despuntaban,
tenías en tu palma un globo cristalino,
estabas durmiendo en el trono.
¡Dios justo! Tú eras mía.
Te despertaste para transformar
el vocabulario humano, usado cada día,
y el lenguaje se llenó hasta el tope
de fuerza sonora, y la palabra tú abrió su acepción nueva,
que era el zar.
En el mundo se ha transformado todo,
incluso cosas tan sencillas como el jarro y la palangana,
y el agua dura y laminada
estaba de guardia entre nosotros.
Algo me llevaba no sé adónde.
Nos cedían paso, como espejismos,
ciudades construidas por milagro,
la menta, cual alfombra, se acostaba bajo nuestros pies,
los pájaros nos acompañaban haciendo el mismo camino,
los peces subían el río
y el cielo se abrió ante nuestros ojos...
El destino seguía nuestra pista
como un loco con navaja afilada.
Arseni Tarkovski
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